dilluns, 1 de setembre de 2008

ARTES


Estoy leyendo y disfrutando con ME LLAMO ROJO de ORHAN PAMUK. Es una novela tipo "policíaca" ambientada en la Estambul del S. XVI. Tranquilos no os diré quien es el asesino... pero sí que os recomiendo su lectura. Tanto la forma narrativa como los temas que se tratan son interesantísimos.
En la historia los protagonistas, ilustradores de libros , han entrado en contacto con la manera de pintar europea. En Europa el retrato figurativo está en su máximo esplendor y con él el reconocimiento al estilo del artista y a su firma.
En oriente (desde Turquía hasta China) tanto la religión - que prohíbe el retrato- como la tradición, hace que el artista permanezca oculto tras su obra que es valorada por su fiel reiteración del modelo ya conocido y que es puramente simbólico.
El libro, además de ser bello e interesante, da pie a numerosas reflexiones: sobre el arte y el artista. Sobre si es importante o no el modelo. Sobre la belleza y la manera y necesidad de reflejarla.
Durante siglos (sobre todo en oriente) el objeto artístico ha estado mejor considerado si era parte de una serie de objetos iguales que demostraran la habilidad y el dominio del que lo había hecho. Siempre era mejor el jarrón número mil que el primero ya que se consideraba que con él se estaba llegando a la perfección y al virtuosismo. En la ilustración, además, se intenta imitar una imagen elemental y simbólica de lo ilustrado para aproximarse más a la idea "divina" del modelo que a lo real y tangible que se supone imperfecto...
...¿En que lugar está ahora nuestra artesanía? Ese reconocimiento, si lo despojamos de la envoltura religiosa, ¿nos serviría para dar más valor a los objetos y al que los hace?...
Y volviendo a la novela ahí va una perla:

La pintura es silencio para la mente y música para los ojos.


2 comentaris:

Ender el Xenocida ha dit...

Muy interesante.
Habrá que leerlo.

rosa ha dit...

Gracias.
...y tú: ¿eres más de la maestría o del impulso?